Cultura Polinesia

  • Tatuaje
  • Baile
  • Leyenda sobre La Flor de Tiare

 

 

En el siglo XVIII, los navegantes europeos introdujeron la práctica del tatuaje en Tahití. En aquel tiempo fue prohibido por los misioneros, pero aún así no desapareció. Soporte de la identidad cultural Maohi, el tatuaje polinesio da privilegio al uso del color negro en detrimento de otros colores.


El tatuaje, de inspiración geométrica, vegetal o animal, muchas veces simbólico, es utilizado por los hombres como un adorno corporal.


Así, el tatuaje, al contrario de la visión occidental intimista, se practica para ser visto.


La palabra tatuaje, como tabú, deriva de una palabra polinesia que quiere decir golpear.


Los primeros tatuajes surgen en las Islas Marquesas, aunque probablemente los inmigrantes que llegaron a ellas ya los conocían. Desde las Marquesas la costumbre se extendió por toda la Polinesia y más allá de los mares. De hecho la tradición de los marineros de llevar tatuajes fue introducida por los tripulantes del barco del Capitán Cook, quienes aprendieron de los nativos polinesios. Lo que es menos conocido es que la moda hizo furor entre las damas victorianas.


Para los primeros habitantes de estos archipiélagos, el tatuaje tenía carácter de rito sagrado y era considerado un símbolo de jerarquía, una expresión de belleza o la marca de procedencia de la persona. En muchas ocasiones, los tatuajes contaban la historia de una familia que pasaba de padres a hijos a través de los años. Otras veces los tatuajes traían longevidad o fecundidad a quien los portaba.


El tatuaje marcaba también la diferencia entre un niño y un hombre, ya que solo una vez alcanzada la pubertad uno podía tatuarse.


Desde hace algunos años, Tahití y sus islas han producido una serie de talentosos jóvenes, cuyas habilidades son cada vez mas solicitadas por los turistas de tránsito y ahora exportan su arte, participando en varias exposiciones extranjeras.

 

 

A semejanza del tatuaje, el baile tahitiano, juzgado demasiado erótico por los misioneros, debía hacerse de forma clandestina hasta el principio del siglo XX. El "tamure" se baila por parejas en las discotecas, mientras que el "ori tahiti" realizando movimientos lentos y rápidos se practica en grupo, al ritmo de las percusiones, de los cantos, de las guitarras y de los ukeleles.


Potencia y gracia, simbolismo gestual, belleza de los ornamentos (trajes, coronas de flores), caracterizan el baile tahitiano que no se limita a los espectáculos turísticos sino que es como una práctica popular, elemento de la cohesión social, y cuyo punto culminante es el Heiva i Tahití (fiestas de Julio), donde numerosos grupos de baile compiten.

 

 

 

LA LEYENDA DEL TIARÉ APETAHI


Hubo una vez una familia en Raiatea que tenía dos hijos, una niña y un niño. Una tarde, el padre y la madre decidieron que al día siguiente irían a pescar, y los niños se quedarían en casa.


Cuando al amanecer, los padres salieron a pescar, la madre le dijo a su hija llamada Apetahi: “ No os inquietéis, vamos a regresar pronto. Cuando consigamos peces volveremos”.


Cuando la hija entró en la casa, su hermano se le acercó para preguntarle: ¿Qué te ocurre?. Su hermana no respondió. Le hizo por segunda vez la misma pregunta y ella le respondió entonces llorando: “Yo no quiero a nuestros padres porque no son cariñosos, no se ocupan de nosotros. Creo que no son buenos padres”. Después de decir estas tristes palabras, los dos se fueron a su habitación.


Cuando regresaron los padres, dejaron la barca sobre la arena y volvieron a casa con el pescado. Como no escucharon ningún ruido, la madre pensó que los niños dormían, sin saber que su hija estaba despierta.


Maïre, la madre criticó a sus hijos, sin pensar que Apetahi escuchaba. Pensaba que su madre estaba orgullosa de ella, y no comprendía por qué hacía una cosa así.


Apetahi no pudo olvidar lo que su madre había dicho y, cuando amaneció, se fugó y corrió a casa de su tío para contarle lo que su madre había dicho. Al despertarse, su madre la llamó para calentar el agua, pero sus palabras no obtuvieron respuesta. Se levantó y fue a buscar a Apetahi.


El hijo le dijo que su hermana se había ido a casa de su tío. Maíre entonces, despertó a su marido y fue para la casa de su hermano. Al llegar, su hermano le advirtió que su hija se había ido hacia la montaña Temehani.
La madre de Apetahi preguntó a su hermano: ¿Tu sobrina ha dicho algo antes de partir?. Y el hermano de Maíre respondió: “ Vuestra hija ha partido hacia la montaña porque no puede soportaros”.
Nada más escuchar esto, la madre corrió llorando hacia la montaña para reunirse con su hija. Pero cuando llegó, no sabía que su hija estaba muerta en el monte Temehani, y la llamó numerosas veces. Ninguna voz respondió y Maïre se dirigió hacia los bambúes, viendo a lo lejos una bella flor que brillaba y que portaba cinco pétalos. Se aproximó a la flor y entonces vio la cara de su hija. Cuando vio su rostro, lloró y pidió perdón a su hija, pues lamentaba mucho haberle hecho sufrir de ese modo.


Al volver a su casa anunció la mala noticia a su marido. “ Nuestra hija ha muerto en el monte de Temehani”.


Asombrado, el padre no le creyó, y le preguntó: “ ¿Cómo lo sabes?. Su mujer le respondió: “Ve al monte Temehani, y verás aparecer a lo lejos una bella flor blanca con cinco pétalos”.


A su llegada al monte, el padre vio la flor que su mujer le había descrito y comprendió que era verdaderamente su hija. Entonces, se aproximó a la planta y le pidió perdón por el daño que le habían causado.


A su vuelta a la ciudad, anunció  a toda la gente que al día siguiente debían ir al monte de Temehani para ver a su hija, que había florecido como un Tiaré con cinco pétalos blancos. Sin embargo, nadie puso atención a sus palabras.
Por la noche, un hombre fue a cazar a la montaña, viendo detrás de los troncos de los bambúes una bella flor que brillaba como el oro. En ese momento se acordó de lo que Terrii, el padre de Apetahi, había dicho en la ciudad.
El cazador volvió a casa y dijo a la gente del pueblo que la flor existía en Temehani, pues él la había visto con sus propios ojos. Fue entonces cuando la gente reaccionó y partió hacía allí. Cuando llegaron, apareció a lo lejos esta bella flor que brillaba.


Según cuenta la tradición, la leyenda del Tiaré; Apetahi es una historia verdadera. Desde entonces, está prohibido coger esta flor en la isla.

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