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Guía de Polinesia: flora y faunaRegresaImprimirImprimir

FAUNA

Debido al aislamiento de los grandes continentes, la fauna terrestre de Tahití y sus islas es relativamente pobre. En la época de las grandes migraciones, cerdos y perros fueron descargados de las piraguas dobles . Los europeos, por su parte, introdujeron vacunos, caballos (originarios de Chile) y ratas.

Los reptiles cuentan con siete especies de lagartos y geckos llamados ``margouillats´´.


La fauna aviaria implica por su parte 120 especies que anidan a menudo en el mismo suelo sobre las islas bajas, en islas como Tetiaroa, Tikehau...

Al contrario de la vida en tierra, la fauna submarina es excepcionalmente rica, contabilizando mas de 800 especies de peces tropicales, lagunarios o pelágicos.
Algunas de estas especies están en peligro de extinción, como las tortugas, animales sagrados en la Polinesia.

El arco iris marino está formado por pequeños peces como el pez payaso, que vive en simbiosis con las anémonas, los peces mariposa con su afilado perfil o los peces ángel.

Pero no todos son pececillos y anémonas, las lagunas y el océano están plagados de animales más voluminosos y en ocasiones, peligrosos, como las anguilas, que se esconden entre los huecos de los arrecifes. La manta es sin duda la reina de la laguna, que con su misterioso deslizamiento hipnotiza a quien la observa.

Actualmente, la estrella es el tiburón. No hay que olvidarse de los tiburones que viven tanto en las lagunas como en el océano. Aunque se dice que no atacan, lo mejor es no acercarse mucho a ellos.

Los delfines y las ballenas viven tranquilamente en las aguas del Pacífico y son, sin duda, uno de los mayores atractivos.

Las piezas grandes de pesca, el bonito, el mahi, o el pez espada, son los más apreciados por su carne y forman parte de la dieta polinesia.

Los arrecifes coralinos tienen a la vez una función alimenticia y protectora con las especies más débiles que conviven.

Entre los crustáceos más comunes, los cangrejos de tierra ``tupa´´, sus homólogos marinos ``kaveu´´, pero también las langostas, las cigarras de mar y las corzas (de agua dulce), que constituyen una comida muy buscada.

Tahití y sus islas son un santuario de mamíferos marinos. Poseen una Reserva de la Biosfera reconocida en 1977 por la UNESCO, situada en el archipiélago de las Tamotu, en el municipio de Fakava.

Área protegida de ballenas y delfines, en la exclusiva zona económica (ZEE) de 4 millones de Km., a la Polinesia francesa se le clasifica desde mayo de 2002 como “santuario” de mamíferos marinos. Las actividades de acercamiento a las ballenas y a otros mamíferos marinos están reglamentadas desde este año 2002 y es obligatorio solicitar las autorizaciones de acercamiento, en la dirección de medio ambiente.

Las lagunas con su microclima, forman el ecosistema ideal para la vida bajo el agua, aunque es frágil y cualquier pequeño cambio puede alterarlo provocando verdaderos desastres.

FLORA

La flora supone para el visitante una auténtica explosión de colores.


La flora nativa fue relativamente pobre. Las jóvenes islas de la Polinesia ofrecían pocas posibilidades a las primeras especies de enraizarse en su suelo volcánico. Pero especies importadas se desarrollaron y se fueron adaptando a este peculiar medio insular.

Tahití y las islas altas igualmente deben su reputación a la lujosa vegetación que fascina al visitante.
La visita de parques y jardines botánicos, son un verdadero viaje donde descubrir una flora, extraordinariamente rica.

El hombre en sus migraciones, introdujo numerosas especies útiles, llamadas  ``tradicionales´´: comestibles, textiles y medicinales.

El asentamiento en los archipiélagos por los primeros maoríes trajo una primera selección de plantes comestibles como el cocotero, el mape (castaña tahitiana), uru (árbol del pan), ñame, originarios de Indo-Malasia, pero también la caña de azúcar, el plátano, el manzano-cythère...

Los primeros misioneros añadieron igualmente nuevas plantas útiles (tamarindo, limoneros, aguacate, vainilla, mangos) y las flores ornamentales que, excepto la tiara Tahití y el ``pua´´, fueron introducidas del exterior.

Las flores forman parte de la cultura y de la vida polinesia y simbolizan la fiesta, el placer y el gozo.
Alrededor del mercado de Papeete las mamás confeccionan coronas de flores que los polinesios portan en ocasiones especiales, en un matrimonio, o simplemente en una noche entre amigos.

Los viajeros al llegar al aeropuerto son recibidos con unas guirnaldas de flores, llamadas Leis.
Son un adorno más en la vestimenta de los polinesios. Si la flor va situada detrás de la oreja izquierda significa que uno está casado o comprometido. Si se lleva en ambas orejas significa, que a pesar de estar casado, uno está disponible. Por último, cuando se lleva detrás de la oreja derecha significa, que uno está completamente disponible.

En Tahití, un día al año se homenajea a la flor emblemática de Polinesia “La Tiare”. Estas gardenias adornan durante este día el aeropuerto, los bancos  y sitios emblemáticos, compitiendo para llevarse el primer premio en decoración.

El Tiaré  apetahi es una flor  única que crece en una de las islas de sotavento.

                                 
LA LEYENDA DEL TIARÉ APETAHI

Hubo una vez una familia en Raiatea que tenía dos hijos, una niña y un niño. Una tarde, el padre y la madre decidieron que al día siguiente irían a pescar, y los niños se quedarían en casa.

Cuando al amanecer, los padres salieron a pescar, la madre le dijo a su hija llamada Apetahi: “ No os inquietéis, vamos a regresar pronto. Cuando consigamos peces volveremos”.

Cuando la hija entró en la casa, su hermano se le acercó para preguntarle: ¿Qué te ocurre?. Su hermana no respondió. Le hizo por segunda vez la misma pregunta y ella le respondió entonces llorando: “Yo no quiero a nuestros padres porque no son cariñosos, no se ocupan de nosotros. Creo que no son buenos padres”. Después de decir estas tristes palabras, los dos se fueron a su habitación.

Cuando regresaron los padres, dejaron la barca sobre la arena y volvieron a casa con el pescado. Como no escucharon ningún ruido, la madre pensó que los niños dormían, sin saber que su hija estaba despierta.

Maïre, la madre criticó a sus hijos, sin pensar que Apetahi escuchaba. Pensaba que su madre estaba orgullosa de ella, y no comprendía por qué hacía una cosa así.

Apetahi no pudo olvidar lo que su madre había dicho y, cuando amaneció, se fugó y corrió a casa de su tío para contarle lo que su madre había dicho. Al despertarse, su madre la llamó para calentar el agua, pero sus palabras no obtuvieron respuesta. Se levantó y fue a buscar a Apetahi.

El hijo le dijo que su hermana se había ido a casa de su tío. Maíre entonces, despertó a su marido y fue para la casa de su hermano. Al llegar, su hermano le advirtió que su hija se había ido hacia la montaña Temehani.

La madre de Apetahi preguntó a su hermano: ¿Tu sobrina ha dicho algo antes de partir?. Y el hermano de Maíre respondió: “ Vuestra hija ha partido hacia la montaña porque no puede soportaros”.

Nada más escuchar esto, la madre corrió llorando hacia la montaña para reunirse con su hija. Pero cuando llegó, no sabía que su hija estaba muerta en el monte Temehani, y la llamó numerosas veces. Ninguna voz respondió y Maïre se dirigió hacia los bambúes, viendo a lo lejos una bella flor que brillaba y que portaba cinco pétalos. Se aproximó a la flor y entonces vio la cara de su hija. Cuando vio su rostro, lloró y pidió perdón a su hija, pues lamentaba mucho haberle hecho sufrir de ese modo.

Al volver a su casa anunció la mala noticia a su marido. “ Nuestra hija ha muerto en el monte de Temehani”.
Asombrado, el padre no le creyó, y le preguntó: “ ¿Cómo lo sabes?. Su mujer le respondió: Ve al monte Temehani, y verás aparecer a lo lejos una bella flor blanca con cinco pétalos”.

A su llegada al monte, el padre vio la flor que su mujer le había descrito y comprendió que era verdaderamente su hija. Entonces, se aproximó a la planta y le pidió perdón por el daño que le habían causado.

A su vuelta a la ciudad, anunció  a toda la gente que al día siguiente debían ir al monte de Temehani para ver a su hija, que había florecido como un Tiaré con cinco pétalos blancos. Sin embargo, nadie puso atención a sus palabras.

Por la noche, un hombre fue a cazar a la montaña, viendo detrás de los troncos de los bambúes una bella flor que brillaba como el oro. En ese momento se acordó de lo que Terrii, el padre de Apetahi, había dicho en la ciudad.

El cazador volvió a casa y dijo a la gente del pueblo que la flor existía en Temehani, pues él la había visto con sus propios ojos. Fue entonces cuando la gente reaccionó y partió hacía allí. Cuando llegaron, apareció a lo lejos esta bella flor que brillaba.

Según cuenta la tradición, la leyenda del Tiaré  Apetahi es una historia verdadera. Desde entonces, está prohibido coger esta flor en la isla.

 

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Fotos proporcionadas por la Oficina de Turismo de Tahití
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